Hipocresía, concepto asociado al individuo, al ser humano, derivado del griego, considerada la capacidad de juzgar y tomar parte en el juego de la doble moral, y en la edad moderna antónimo de honestidad, comprendido con diferentes matices y por tanto dependiente de diferentes factores de consideración.
En el psicoanálisis se argumenta que indudablemente el ser humano se identifica con personas e ideas guiadas en su mayor medida por la sociedad y los valores que esta le inculca, convirtiéndose en una necesidad de conciencia existencial, atribuida en su alcance a la hipocresía social, e indudablemente connatural del inconsciente humano, del propio auto engaño, reflejo de nuestra proyección psicológica (I) ante otros, acto natural como forma de defensa del ser humano (Freud).
Nuestra fiel compañera desde tiempos inmemorables, que nos recuerda que todo acto o proyecto humano está motivado por la "voluntad de poder" (Nietzsche), hablamos de la Hipocresía religiosa, elemento de la actividad humana de doble filo, primero como norma moral para la conducta humana individual y social, y segundo como conjunto de creencias acerca de la divinidad, veneración, prácticas, rituales, oraciones y sacrificios para darle culto, cuya principal baza es el propio miedo hacia ella. Doctrinas para evadir la condenación eterna, cuyo mérito reside en cumplir las condiciones impuestas indistintamente de lo lógicas o ilógicas, humanas o inhumanas, racionales o irracionales que puedan llegar a ser, usadas con fines egoístas para manejar al máximo número de personas posibles (Pablo 20:29:30), visibles en las diferentes etapas de la historia, genocidios, torturas, corrupción... narradas por multitud de personajes como Moliere o Montaigne, y visibles en nuestros días en la no oposición al maltrato de género, el sistema machista, la negación del VIH, el impedimento al desarrollo de los derechos de los homosexuales y transexuales… hipocresía religiosa que ha envenenado el trasfondo moral de la que consta.
La Hipocresía Política, “ejercicio de poder” en relación a un conflicto de intereses que en nuestros días debe de asegurar un estado de libertad, democracia, igualdad, honestidad y justicia independientemente de la escala o grupo social a la que pertenezca, ironía de bienestar (educación, vivienda y trabajo) en la convivimos, que mediante el derroche de tiempo, esfuerzo y dinero, dominadores juegan al absurdo juego del orgullo, frente a la búsqueda de soluciones adecuadas, factibles y funcionales, falseando ante la sociedad por un interés propio, dominador de los 3 poderes principales de un estado moderno, judicial, administrativo y legislativo.
Y sin desprestigiar a la Hipocresía Audiovisual, que en medios de comunicación de masas o mass medias, es el 4 poder del estado moderno, protegido constitucionalmente mediante la libertad al derecho de información y opinión pública, cuyas bases son la formación, información y entretenimiento, encargados por tanto de la comunicación, comunicación más “subjetiva” que real, debido a la manipulación de la avaricia por el lucro, engrandeciéndose hienas multinacionales respaldadas por el emergente poder que le otorga la globalización convirtiéndose en uno de los principales problemas de manipulación social, y de la hipocresía global capitalista existente.
Donde la hipocresía global derivada de la era de globalización es la perfecta herramienta de poder de control... y donde la hipocresía ha servido de arma arrojadiza para manipular a la sociedad, desde sus comienzos sobreviviendo hasta hoy en día. Como si de un psicoanálisis de las proyecciones de la hipocresía se tratara, denominaciones y clasificaciones para denotar a una realidad, una HIPOCRESÍA manipuladora que permitimos pase ante nosotros, sin tan solo parpadear.
(I) Mecanismo de defensa a través del cual el individuo se enfrenta a conflictos emocionales y amenazas de origen interno o externo atribuyendo incorrectamente a los demás.